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El fracaso de la Catedral de Cristal

por Lucas Leys
Tomado de lucasleys.com/blog

Llevo meses queriendo escribir acerca de lo que ha sucedido en la Catedral de Cristal o quizás debiera decir la Crystal Cathedral porque me refiero al ministerio en inglés; pero me contuve esperando el momento oportuno para no perjudicar de ninguna manera ni se interprete de ninguna forma que estaba diciendo algo negativo del hasta ahora pastor hispano y mi amigo, Dante Gebel, a quien amo profundamente.

De hecho, hace unas semanas le dije que ni bien él saliera de la Catedral iba a hacer mi reflexión pública de lo que ha pasado allí y él me dijo que me despache con libertad.

Quizás algunos de los que leen esto no sepan que fui pastor de jóvenes allí por 6 años hasta el 2002, que todavía soy pastor ordenado de la denominación a la que pertenecía la catedral y que en el 2009 me preguntaron si quería volver a ser el pastor general de la iglesia Hispana de la Catedral, y ante mi inmediata respuesta negativa me pidieron que les recomiende a alguien y así fue que le pregunté a Dante si estaba interesado e hice la conexión para que sea él quien quedara al frente de la iglesia hispana. (Una conexión que por la oportunidad que presentaba la iglesia y el estilo de Dante llamé un casamiento hecho en el cielo y dio sus frutos inmediatamente).

¿Pero qué fue lo que sucedió del lado en inglés para que la Catedral terminara con una bancarrota vergonzosa de 60 millones de dólares, una congregación vaciada y una venta controversial de la propiedad a una diócesis católica?
Para ponernos en perspectiva: La catedral llegó a ser la iglesia cristiana más famosa de los Estados Unidos en los años 80 y para los 90 se calculaba que 6 millones de personas miraban su programa de TV que salía por el principal canal secular nacional y por satélite a todos los continentes. Robert Schuller, su fundador, solía verse con los presidentes de Estados Unidos y el mundo (me acuerdo cuando vino Mihail Gorbachof), los principales artistas cristianos se peleaban por salir en el programa, Schuller solía ser entrevistado en CNN, había 12 mil miembros estables cuando me fui y muchos más que decían será miembros pero vivían en otros países y la “catedral,” como se conocía al edificio principal de vidrio, era mencionada en los libros de arquitectura y hasta también salió en los Simpson.

Entonces- ¿Cómo pudo terminar en semejante bancarrota y vergüenza luego de tanto éxito?

Podría escribir varias cosas pero para que este post no sea eterno voy a resumir mi respuesta diciendo que hay 3 errores que se cometieron en la catedral que los pastores latinos de las próximas generaciones DEBEMOS evitar:

1. Construir templos con el ego y no la cabeza.

Schuller, como muchos otros pastores en el pasado y el presente, se dio cuenta que a cualquier grupo de personas le motivan las conquistas, las metas consumables y los logros que le dan a ese grupo (o congregación) una sensación de éxito. Él se dio cuenta que toda iglesia que construye templo, crece. Si, salvo contados casos, si el líder sabe relacionar la construcción del templo a la identidad de esa gente, esas personas van a dar por encima de sus posibilidades hasta que la meta es alcanzada. ¿Y cuál es el problema de eso? Ninguno, si al hacer el templo se presupuesta pensando también en los costos de mantener el templo ¿Por qué? Porque esta es la sorpresa: Cuesta mucho más caro mantener un templo que construirlo y una vez construido ya no hay meta visible y es mucho más difícil motivar a la gente porque ahora hace falta pagar el aire acondicionado, las cuentas de luz y el agua de los baños.
Además está la dimensión práctica de lo edificado. En la Catedral de Cristal todo pasaba porque se viera bien en TV pero era una pesadilla encontrar funcionalidad a esas estructuras. Es decir, se veía fantástico, pero las sillas no se podían mover, el techo no se podía oscurecer para usar videos, el escenario pensado para TV era demasiado alto o demasiado bajo, el sonido nunca pudo ponerse donde se debía poner para que no molestara las cámaras y así los problemas seguían y seguían. (y encima Schuller decía que él era un gran arquitecto y la congregación le aplaudía cuando lo decía…)

Otro problema era que el dinero con el que se construía no venía de la congregación sino de ofrendas especiales de gente rica externa que de tanto en tanto le donaba a Schuller. Osea, no había nada de malo en usar esas ofrendas pero es muy peligroso hacer presupuestos millonarios basados en ofrendas esporádicas y no en la congregación estable.

Y por ultimo, todo el gasto descomunal en el templo y el campus había causado una cultura de que todo era tan valioso que era inmodificable y hasta sagrado. Aunque no funcionara, al haber costado tanto, no se podía cambiar nada. La congregación estaba para servir al templo y no el templo a la congregación.

2. Rodearse solamente de chupamedias y practicar el nepotismo

Cuando recién llegué a la catedral para mi fue un shock descubrir que el staff de la iglesia le tenía miedo al pastor. Cuando el pasaba o se acercaba todos actuaban como que estuvieran tratando de encubrir algo. Primero lo noté en las secretarias y los servidores pero al ir a reuniones de pastores me di cuenta que también era una cultura. Todos le decían a Schuller lo que quería escuchar en vez de lo que tenía que escuchar. Claro, yo llegué jovencito y sin conocer demasiado de él, pero la mayoría de los que trabajaban en la iglesia a diferencia de mi, le habían visto lograr tantas cosas a impresionar a tanta gente que le tenían tanta admiración que les había hecho olvidar una premisa bíblica fundamental: todos somos pecadores y nos equivocamos, y el pastor también. Pero luego me di cuenta de 2 cosas más: 1. Este hombre estaba rodeado de solo 2 tipos de personas: empleados y familia. Y 2. Por pensar en las reuniones como “shows” y no avocarse al desarrollo de la congregación, las reuniones tenían un montón de profesionales (hasta no cristianos) que hacían que el culto se viera espectacular, pero nadie movía un dedo sin cobrar y eso era otra trampa a largo plazo. Éramos una empresa con empleados y no una comunidad de hermanos siervos. Y estaba la familia. En todos los puestos claves de la iglesia había un familiar y siempre la pregunta que vagaba por el aire era: ¿Está ahí porque es bueno o por qué es familia? y la repuesta se demostró con sus dos sucesores: Su hijo llevó la congregación de 10.000 a 1.000 en pocos años y luego su hija terminó de rematar el ministerio. (y no es porque no había buenos pastores disponibles que no pudieran hacer el trabajo)

3. No invertir en los jóvenes y creer que las estrategias son eternas.
A pesar de tener miles de miembros, una escuela y una academia de música de primera, la catedral nunca tuvo un ministerio juvenil sano. No lo tuvo porque como las bancas del templo estaban llenas de visitas, Schuller no se dio cuenta que la congregación iba envejeciendo con él y no se estaba haciendo demasiado para atraer a las nuevas generaciones.

Una cosa es tener un templo lleno y otra diferente es una iglesia fuerte. Una iglesia fuerte necesita un poderoso ministerio de niños y un estratégico ministerio de adolescentes. Pero en un templo donde no se podía tocar nada sin que los de seguridad vinieran como policía y con reuniones pensadas a gusto de la liturgia y la música de un pastor de más de 70, la congregación no es que solo se fue yendo, sino simplemente “muriendo” y no lo digo en sentido figurado.

El famoso órgano de tubos (el más grande del mundo en funcionamiento) que en los 80 trajo multitudes a ver cómo sonaba con la orquesta, ahora estaba alejando al futuro de la congregación. El formato de TV que por tantos años fue un éxito, ahora estaba quedando atrás pero el líder estaba convencido que no había nada que cambiar.

Reflexión final (quizás por ahora)

Lo mismo que hizo grande a la catedral también fue lo que la arruinó. La misma persona que la levantó fue la persona que la destruyó.

Quizás alguno que me esté leyendo piense que esto no nos puede ocurrir en América latina o no le va a ocurrir a tu congregación. Pero justamente por eso escribo esto. Espero que no nos ocurra, pero Schuller y la Catedral de Cristal tampoco pensaron que les podía pasar.

Las catedrales vacías de Europa alguna vez cobijaron a congregaciones pujantes y tuvieron líderes prominentes pero hoy son museos de la religión. ¿Por que? Porque casi todas fueron edificadas por vanidad y no practicidad, con personas trabajando por temor y no amor y con líderes sin ninguna sospecha que solo estaban pensando en su prominencia y no en un verdadero servicio a la comunidad.

¿Creo que esta mal edificar templos grandes y confortables? Por su puesto que no, y tengo claro que lo que en un lugar y para una congregación puede ser inapropiado puede ser apropiado en otra. Lo importante es que no sea el ego lo que inflame la llama y que siempre se tenga claro que la iglesia está formada por personas y los edificios son solo secundarios.

¿Creo que está mal que una iglesia contrate profesionales e incluya a la familia del pastor? Tampoco. Es lindo ver a familias enteras sirviendo al Señor. Pero no debe ser el pastor quien los elija sino la congregación porque esa es la versión bíblica de cómo se eligen lideres en la iglesia. Y respecto a empleados, qué bueno que tengamos mucha gente a tiempo completo en nuestras congregaciones, pero el pastor tiene que ser proactivo en rodearse de personas que le hablen con plena franqueza sin ningún tipo de temor a ninguna represalia y por eso no puede solamente estar rodeado de personas a las que le paga un sueldo.

Por ultimo: ¿Creo que esta mal confiar que las estrategias que nos trajeron hasta acá nos llevarán hasta allá? Definitivamente. Lo que sirve hoy no necesariamente servirá mañana. El único que no cambia es Cristo y lo sagrado es la palabra y la misión pero los métodos deben ser siempre actualizados.

En defensa de Schuller podemos alegar que su ministerio tuvo un ciclo y que simplemente pasó su tiempo pero que podemos estar agradecidos por las familias que fueron alcanzadas y bendecidas en ese tiempo (que fueron miles). Pero los recientes sucesos nos deben hacer preguntar dónde está la gente que fue alcanzada por el ministerio anglo ahora, si en verdad fue poderosamente influenciada.- Quizás la respuesta está en que simplemente se murieron, pero mi lado más cínico está tentado a decir que esa gente fue tan solo entretenida o motivada pero no discipulada y por eso no quedó nada de esa aparente influencia.- Ya lo escribí en varias ocasiones: Fama y multitudes no es sinónimo de influencia y vidas cambiadas.

El fracaso de la catedral es el fracaso de un modelo y no solamente de una institución o ministerio. Para nosotros, es una advertencia. Que un ministerio sea prospero hoy no significa que lo será mañana.

Termino con esta oración.

Nuestro precioso Dios, no me permitas convertirme en un líder que no crece, que no cambia, que no acepta sus errores y se envanece por el éxito momentáneo. Te pido por los miembros de la Catedral de Cristal, los de habla inglesa que están decepcionados y dolidos y los hispanos que van en busca de una nueva frontera. Te pido por los nuevos líderes que se quedan con el remanente de lo que fue y te pido por Dante y su liderazgo de la comunidad hispana en la nueva aventura que comienzan en el Anaheim Convention Center. También te pido por la familia Schuller y que en lo que puedan tengan la oportunidad de mostrarte a los que los rodean. Danos sabiduría.

Liderazgo MVP un lugar para el líder cristiano

Creciendo por encima de nuestros fracasos y errores


Alguien dijo: “No hay fracaso alguno, excepto cuando se desiste por completo”. No es vergonzoso equivocarse, lo vergonzoso solo se da, cuando se persiste en los mismos errores.

Phylis Theroux en su libro Luces de la Noche dice: “Los errores suelen ser el puente que media entre la inexperiencia y la sabiduría”, y esta afirmación tiene una gran validez, porque La sabiduría sólo nos llega a través de las adversidades.

El líder efectivo no ha llegado a donde está porque todo le ha salido bien; si no más bien, ha sabido sacar lo mejor de todo lo que se le ha presentado en el camino, incluyendo las situaciones adversas.

Un caso palpable de esto es la vida de José. Para convertirse en un gran líder él tuvo que ser esclavo y prisionero, ya que su espíritu tenía que ser probado y quebrantado. Pero fue allí donde él aprendió a valorar las adversidades como un instrumento divino, porque sabía que estas eran oportunidades para su desarrollo y crecimiento.

El oro para ser purificado tiene que pasar repetidamente a través del fuego. Los diamantes son creados solo bajo una extrema presión; y los grandes líderes también son formados a través de las pruebas.

Mientras más grande es el objetivo que el líder persigue hacia delante, mas serán las dificultades que habrá de pasar; y esta fue una realidad para muchos líderes prominentes en la Escritura, como Moisés, Daniel, Noemí, David, Esther, Pedro, Pablo y muchos más.

El líder que en ocasiones se siente derrotado, es porque ha tropezado, y tras su tropiezo, no ha sido capaz de capitalizar su mala experiencia. Esto quiere decir que ha sufrido de manera gratuita. Pero para el líder efectivo, cuanto más difícil es el obstáculo, más se fortalece después de superarlo. Porque no hay fracaso alguno, excepto cuando se desiste por completo.

Santiago nos dice: “Por tanto hermanos tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia y afirmad vuestros corazones porque la venida del Señor esta cerca. Hermanos míos tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor”.

La clave de un líder victorioso y maduro, es el proceso de aprender, compartir y crecer; pero en ocasiones, el proceso de aprendizaje se da bajo el procedimiento de prueba y error.

Esto es como la historia del niño que fue a patinar en el estanque helado. Su madre a lo lejos lo ve resbalar, tropezar y caer de manera constante. En una de esas en que el niño después de caer trata de volver a ponerse en pie, la madre corre al rescate y le dice: “¡Hijito, quítate esos patines antes de que te lastimes! Pero el niño sigue esforzándose y le responde: “Mamá, me compré los patines para aprender a andar con ellos, no para quitármelos solo porque me caigo”.

Tu y yo estamos de acuerdo que un error es una evidencia de que alguien ha intentado hacer algo, pero hay gente que experimenta frustración o desmotivación cuando no aceptan los hechos de vida, en que intentando hacer algo, surgen errores o tropiezos.

El Salmo 105:17 al 19 nos habla acerca de los tiempos difíciles de José. Cuando fue vendido y convertido en esclavo, cuando le pusieron grilletes en sus pies; y todo esto como parte de las pruebas y proceso que tenía que pasar. José no escogió el tiempo de su vida, ni las pruebas que él enfrentó; pero lo que sí decidió, fue aprender y crecer.

La puerta hacia la victoria gira sobre las bisagras de la oposición. Tan necesarios son los fracasos como los logros para formarnos como líderes efectivos, siempre y cuando los primeros los procesemos de la forma correcta y entendamos, que “los que a Dios aman, todas las cosas les acontecen para bien”.

Tomó mas de una década, pero José aprendió el valor de las adversidades, viéndolas como instrumentos divinos en su desarrollo. José se convirtió en un gran líder en Egipto, solo después de haber pasado cada una de las pruebas que enfrentó en la vida; porque las adversidades, son las que muestran el temple de una persona.

El crecimiento de José fue largo y próspero, pero finalmente se dio cuenta que Dios estaba dirigiendo el proceso. También reconoció que estaba creciendo como líder, para un propósito mucho más grande que el que pudo haber imaginado.

Cuando finalmente reveló su identidad a sus hermanos, José compendió su vida con estas palabras: “¿Acaso estoy yo en el lugar de Dios?, vosotros pensasteis contra mí, mas Dios lo encaminó a bien para hacer lo que vemos hoy, y para mantener en vida a mucho pueblo”. Vio todo lo que pasó en su vida, y reconoció que este proceso había sido necesario para convertirse en un líder efectivo.

Un diamante es una valiosa joya que como el líder efectivo, destaca en cualquier lugar, pero no olvidemos que un diamante fue un pedazo de carbón que hasta el final, se mantuvo firme; y mantenerte firme hasta el final, es tu responsabilidad como líder.

Por otro lado, admitir un error es una demostración de fortaleza, no una confesión de debilidad, siempre y cuando obtengamos de él la debida enseñanza que nos permita crecer, y hacer las cosas con una mejor perspectiva en el futuro.

Al mundo, a tu familia, a tu iglesia, a tu empresa o a tu comunidad no le interesa las tormentas que hayas encontrado por tu ruta, lo que más bien les importa, es si has traído el barco de vuelta; para que puedas contarles todas las vivencias que tuviste, y las experiencias que adquiriste a través de ellas.

Aprende de tus errores y crece, pero no permitas que las semillas te quiten el placer de comerte una sandía, cuando estas te aparezcan, bastará con que las apartes. Recordemos lo que San Pablo le dijo a los cristianos de Roma: “... nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza”.

FRASES PARA REFLEXIONAR

• El mejor contrincante con el que puedes entrenar para la pelea de la vida, es la adversidad. Walt Schmidt

• Aventura, es la forma romántica de llamar a las dificultades. Louis L’Amour

• Una cosa es aprender del pasado y otra revolcarse en él. Kenneth Auchinclos

• Un error no se convierte en una equivocación, hasta que té niegas a corregirlo. O.A. Battista

• Los vientos y las olas ayudan siempre al navegante más hábil. Edward Gibbon

• Es mejor ser osadamente decidido y correr el riesgo de equivocarnos, que analizar mil veces las cosas y tomar la mejor decisión demasiado tarde.
Marilyn M. Kennedy en: Across the board

tomado de Siguemeplus.com Liderazgo MVP un lugar para el lider cristiano

Unidos y sinceros

por Esteban Fernández

«Constantemente nos sentimos presionados, por no decir tensos, ante la necesidad de proporcionar nuevos métodos, nuevos planes, nuevas organizaciones que hagan avanzar a la Iglesia y aseguren su crecimiento y eficiencia. Sin embargo, el método de Dios son los seres humanos. La Iglesia anda en busca de métodos mejores; Dios anda en busca de mejores hombres». -E. M. Bounds, Power Through Prayer, World Wide Publications, 1989.

El mayor problema que enfrentamos es la soledad del Llanero Solitario. Pensamos que podemos solos, que de esa manera alcanzaremos mejores resultados. Como le pasa a Sayago, el personaje que interpreta Dante Gebel en la película Versión de vida producida por Vida Zondervan. Experimentamos una sensación de «mejor solos que mal acompañados». Sin embargo, la visión de Dios es otra. Fuimos creados para la comunión. Somos seres relacionales. Buscamos amigos, queremos agradar a los demás. Pero, ¡qué difícil se nos hace cuando queremos cooperar en redes ministeriales! Debemos estar dispuestos a ceder posiciones, a sacrificar créditos, a ponernos en el lugar del otro y a pensar en conjunto por el bien común.

Alianzas estratégicas

Se cuenta la historia acerca de un hombre y su hijo en medio de una situación en particular. El muchacho intentaba mover una gran piedra que obstruía el camino, mientras su padre observaba la escena al margen de ella. El mayor esfuerzo del muchacho se enfocaba en mover aquella gran roca, pero resultó una y otra vez inútil para alcanzar la meta perseguida. Finalmente, el muchacho se recostó sobre la piedra para descansar, sudado y dolorido. Entonces su padre lo mira fijamente a los ojos y le anima: «hijo, ¡usa toda tu fuerza! No te des por vencido». El joven mira a su progenitor como desencajado y exclama: «¡Papá!, ¿viste con cuánto esfuerzo intenté mover esta roca...? —casi impotente agregó con énfasis: ¡Usé todas mis fuerzas!»

El hombre miró a su hijo y le respondió tiernamente: «Aún no me has pedido ayuda».

¿Cuántas veces nos quedamos desahuciados sin pedir ayuda? El trabajo del líder no es jugar al Llanero Solitario, sino el de fomentar el trabajo en equipo. Esto entraña unirse con otro ministerio, con otro grupo, con otra iglesia.

¡Vayamos a la historia en la Biblia!

Si leemos 2 Samuel 16.15–17.23 nos encontraremos con David, quien huía de su propio hijo, Absalón. Quizás pueda tomarse como una cruel historia de traición a Absalón por parte de Husay. Pero este relato de espionaje muestra la alianza previa de David y Husay. David tomó una mala decisión y no hizo una alianza saludable con su propio hijo, lo ocurrido da cuenta de ello. Pero fue sabio en rodearse de personas que merecieron su confianza y quienes estaban dispuestos a dar su vida por el rey en circunstancias como aquellas (ver 2Sa 15.32–36).

Los líderes eficaces usan toda la fuerza para reconocer, cultivar y unirse a personas de confianza que los rodean para alcanzar metas mayores. Mientras David —antes del episodio con Absalón— huía de Saúl, ya había entendido claramente qué significaba contar con amigos que lo cubrieran. Recordemos a David en la cueva de Adulán, en dicha oportunidad buscó la ayuda de Dios, pero también procuró la ayuda de Moab (1Sa 22.1–5), y además se le unieron cuatrocientos hombres. Dice el pasaje en el verso 2: «Además se le unieron muchos que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David, llegó a tener bajo su mando a unos cuatrocientos hombres» (NVI). ¡Estrategia! ¡Sí! Ahí está el secreto de un liderazgo exitoso, que puede enfocar toda su fuerza en alcanzar el objetivo sumando a otros en el proyecto. Las alianzas estratégicas son esenciales para lograr que la visión del líder se convierta en una realidad.

¿Con quién haremos alianza?

El rey Salomón con toda su sabiduría advirtió una vez: «El que con sabios anda, sabio se vuelve; el que con necios se junta, saldrá mal parado» (Pr 13.20 NVI). Estas palabras dan en el clavo a la hora de elegir con quienes establecer alianzas. El éxito o el fracaso de un proyecto se juega la gran final en la respuesta a esta pregunta: ¿con quién haremos alianza?

¡Conozcámonos!

Uno de los principios esenciales es conocer a la persona (o grupo de personas) con quien cultivaremos una relación estratégica. Para conocer a una persona nada mejor que pasar tiempo juntos y conocer a los subordinados, a los colegas, a los co-ministros del evangelio. Allí podremos ver, por medio del discernimiento que nos da el Espíritu Santo, dónde forja sus tesoros el otro. El Señor afirmó que «de la abundancia del corazón habla la boca». En el proceso de conocerse es posible llegar a superar diferencias ocultas o visibles, pero también sumarse a una causa en común como lo es la Iglesia de Jesucristo.

Rodearnos de personas entregadas a Jesús consigue que el propósito de Dios sea cumplido en nosotros y en los otros. Buscar consejeros sabios, aliarse con personas que persiguen el mismo objetivo, conocer a los demás, usar bien nuestros recursos y, sobre todo, encomendarnos a Dios permitirá que la unión de dos o tres sea la condición propicia para que el Señor se manifieste.

¿Quiere que su iglesia crezca? ¡Haga alianzas saludables con los líderes que lo acompañan!

¿Quiere que el poder del evangelio movilice a su ciudad? ¡Haga alianzas estratégicas con otros líderes de otras congregaciones! ¿Quiere ser parte del movimiento transformador de su nación? ¡Haga alianzas con otras redes nacionales!

Isaías 54.2–3a exhorta:

«Ensancha el espacio de tu carpa, y despliega las cortinas de tu morada. ¡No te limites! Alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas. Porque a derecha y a izquierda te extenderás». Al momento de pensar en fomentar alianzas ¡no se limite!... alargue sus cuerdas y refuerce sus estacas porque ¡usted se extenderá!

Seamos auténticos

Uno de los reclamos de nuestros hijos adolescentes es que seamos auténticos. No les gusta que sus padres finjan ser una persona que, según ellos, no son. Pero ¿qué pasa cuando los padres nos dejamos mostrar tal como somos? Más aún, ¿qué pasa cuando los líderes o directivos de una compañía nos dejamos ver con nuestros defectos y virtudes? ¿Perdemos autoridad? ¿Seremos vulnerables? A las personas con quienes trabajamos o con quienes estableceremos alianzas les interesa conocernos y saber que somos honestos con ellos. Y por supuesto nosotros requeriremos lo mismo de ellos.

Una de las peores maneras de proceder como directivos o líderes es hacerles creer a nuestros seguidores que somos personas perfectas. Nadie es perfecto. Lo más cercano a la perfección que podemos detentar es nuestro currículum. Así que es mejor dejar de fingir ser lo que no somos para poder llegar de manera más natural a las personas con quienes trabajamos a diario, y de esa forma obtener mejor rendimiento en el objetivo a alcanzar.

Existen unas cinco máximas para ser un líder auténtico

Según John C. Maxwell cinco son las máximas a tener en cuenta en nuestra autenticidad frente al equipo de trabajo que queremos armar o que se encuentra bajo nuestra guía.

1. Admitamos nuestros errores.
Esto les dará confianza a las personas que están a nuestro lado. Ellos conocen cuáles son nuestros defectos. Al admitirlos uno se vuelve más accesible y confiable. No es fácil reconocer que nos equivocamos, pero es una fortaleza que ayuda a otros a potenciar las propias, y a acercarse a nosotros.
2. Pidamos consejo.
Se menciona por ahí que el consejo es lo que pedimos a otros cuando ya conocemos la respuesta, pero es una falacia, no es verdad. La Biblia nos enseña que «cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abunda el consejo, prosperan» (Pr 15.22). Esto es una premisa que se afianza cuando la ponemos en práctica. ¡Qué pronto resolveríamos inconvenientes! si pidiéramos ayuda a nuestros pares y a quienes trabajan con nosotros en lugar de simular que podemos solos hasta alcanzar la resolución del problema… si es que lo logramos. ¡Cuán interesante sería pedirle consejo a un subordinado nuestro! Es muy probable que encontremos una respuesta mucho más eficaz que las respuestas teóricas, y además que construyamos confianza con quien trabajamos codo a codo. Ayuda al compromiso de la persona a quien lideramos con la misión que debemos llevar a cabo.
3. Preocupémonos menos por lo que digan y piensen los demás.
Las personas que consideran demasiado la opinión de los demás, se pasan la vida complaciéndolas y con frecuencia su desempeño es muy pobre. Crearemos una imagen de nosotros mismos que no coincide con las personas que somos. Además, sostener esa imagen consumirá nuestras energías. Para obtener credibilidad debemos ser nosotros mismos. No vamos a caerle bien a todo el mundo, pero vamos a ser consecuentes con quienes somos y nuestra confianza y la de los demás será más firme.

4. Aprendamos de los demás.
El sabelotodo es una persona desagradable como para compartir con él un objetivo. Sus definiciones, a su propio juicio, son inequívocas y no le da oportunidad a nadie más para mejorar el desarrollo de un plan de trabajo. Si deseamos que los demás nos consideren como una persona accesible, no solo admitamos nuestra debilidad, sino que tengamos la habilidad de aprender de ellos. John Maxwell sostiene que «cada persona tiene el potencial de enseñarnos algo». Dos hechos ocurren cuando creemos en esto: aprendemos mucho de cada persona que se nos acerca y las personas se nos acercarán de manera natural, solo porque les inspiraremos bienestar.

5. Dejemos atrás el orgullo y las apariencias.
Queremos mostrarnos como superhéroes y dejarlos azorados. Pero esto crea un problema con nuestra naturaleza, somos seres humanos y los superhéroes son protagonistas de las historias de ficción. Si nuestra meta es impresionar a los demás, nuestro orgullo crece y terminamos siendo presumidos. Es un ingrediente para echar fuera a quienes nos rodean y quedarnos absolutamente solos o con personas que solo cumplirán con la obligación de un horario o una tarea específica, pero sin rendimientos extras, ni logros de equipo. El orgullo es otra forma de demostrar egoísmo y la pretensión o presunción es solo una manera de mantener a las personas a distancia para que no vean quienes somos en realidad.

Las personas con carisma son aquellas que atraen a los demás, son individuos que se enfocan en los demás, y no en sí mismos. Hacen preguntas; escuchan; no tratan de ser el centro de atención, y no intentan parecer perfectos. Esto hará que sus compañeros de camino lo respeten y lo vean como el conductor del proyecto, del objetivo a alcanzar. ¡Será el verdadero líder que Dios usa!

La personalidad puede abrirte las puertas,
pero solo el carácter puede mantenértelas abiertas.
-Helmer Letterman

Tomado de www.Desarrollocristiano.com

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Preparando nuevos líderes

El trabajo como líder no termina hasta que haya preparado a la siguiente generación. Conozca los beneficios de ser el mentor de una persona con el fin de prepararla para que llegue a ser un lider eficaz ...

Foro de liderazgo

Stuart Briscoe dice que no sabía lo que era ser un mentor hasta hace unos pocos años. Pero, si la iglesia que dirigió durante 30 años es un indicio, Stuart fue un mentor antes de saberlo. Cuando Stuart se jubiló en el año 2000, Mel Lawrenz, pastor asociado y testigo del ministerio de Stuart por 20 años, fue llamado a ser el pastor general. Actualmente, la iglesia Elmbrook, en un suburbio de Milwaukee, prospera bajo el liderazgo de Mel.

Bob Russell describe la palabra mentor como una «ósmosis», pero su intención es que alguien llegue a ser su sucesor. Actualmente, Bob tiene 59 años y comparte el púlpito con David Stone, 18 años menor y pastor asociado de la floreciente iglesia Southeast Christian Church en Louisville, Kentucky. David ya ha sido reconocido por los ancianos de la iglesia como el próximo pastor general, cuando Bob decida jubilarse. Además, la iglesia trajo recientemente al equipo un tercer predicador de 26 años, y así el círculo de mentores continúa.

Pocos pastores están tan involucrados en la selección de sus sucesores; sin embargo, todos ellos se enfrentan a la tarea de levantar líderes dentro de la congregación, ya sea miembros de equipo o voluntarios. De esta forma, se hace posible que el ministerio viva más allá del tiempo que ellos están en el liderazgo. Los editores de Leadership, Marshall Shelley y Eric Reed les pidieron a estos dos pastores que describieran cómo trabajan junto a líderes más jóvenes y, si el Señor así lo desea, conforme a ellos.

¿Hay escasez de líderes o es que buscamos en los lugares equivocados?

Bob Russell: Muchas iglesias no tienen líderes fuertes. Nuestra iglesia ha crecido; sin embargo, hemos tenido también tiempos difíciles. Hemos llamado a varias personas para formar parte del liderazgo, pero responden: «Es mucha la responsabilidad y creo que no estoy listo para eso».

Además, las personas tienen diferentes conceptos acerca de qué forma a un líder. ¿Una personalidad dinámica? ¿Un corazón de servicio? ¿Dones especiales? La medida cada vez es mayor ya que la gente cree que un líder tiene que hacer de todo. Necesitamos ver más allá de las personalidades dinámicas y carismáticas. Debemos estar alerta con respecto a los individuos que tienen el carácter para inspirar a otros a que los sigan.

Stuart Briscoe: Mis dos hijos son líderes talentosos y eficaces en sus iglesias. Uno es cándido, sociable, de corazón abierto, y excelente comunicador. El otro le gusta estar detrás del escenario, es detallista, con una personalidad confiable y con corazón de pastor.

Las personas tienden a pensar en la personalidad cándida como lo que caracteriza a un líder, pero el liderazgo es mucha más que personalidad. El liderazgo es acerca de influenciar a las personas. Cada uno tiene esa habilidad en cierto grado. Nacemos con eso. Pero ¿se puede identificar? ¿Se puede canalizar? ¿Es deliberado?

Russell: Usted necesita diferentes tipos de líderes en los distintos departamentos. El líder en nuestro departamento de la tercera edad es un sargento. Todo ahí está en orden. Sin embargo, un líder de un grupo pequeño tiene que relacionarse más.

Briscoe: Algunas personas son líderes con un solo don, otros tienen cinco, pero la clave es colocar a todo el mundo en alguna posición de influencia y abrirles las puertas para ascender. Es cuestión de preguntar: «¿Dónde se ajusta mejor esta personalidad para que llegue a dirigir a otros?» Como dijo Bob, «¿en cuáles situaciones?».

No preocupo a la congregación diciéndoles: «Tenemos cien personas y tal vez diez de ellas sean líderes.» Al contrario, digo: «Aquí hay cien personas. Cada una de ellas es un creyente dotado y donde mora el Espíritu para así ejercer cierta influencia en esta comunidad». Si hacemos que ellos crean esto y que encuentren su área, estas personas se desarrollarán.

¿A quién se pasa por alto regularmente en la búsqueda de líderes?

Briscoe: A la gente joven. Los líderes no tienen por qué tener el cabello canoso. Muchos de los que tienen veintitantos son personas muy capaces. Para nosotros es muy importante la forma en que se establecen nuestros equipos de ministerios. Por ejemplo, nuestro ministerio de adolescentes involucra, desde el inicio, a jóvenes adolescentes en el liderazgo. Aun a esa edad, los líderes surgen. Mantenga su vista en ellos.

Russell: Tal vez lo más importante que podríamos decirle a las iglesias sin líderes es: «Vayan afuera y ganen algunos para Cristo, con el tiempo serán líderes en la iglesia».

¿Cuáles señales sugieren que una persona es capaz de tener un mayor liderazgo?

Russell: Tenemos un programa de desarrollo de líderes voluntarios que pone a la gente a trabajar en varios ministerios, como los internados que hay en los hospitales. Estamos atentos a su ética laboral, a su amor por el Señor, a que doctrinalmente estén bien, o a que tengan una pasión por un ministerio en particular. Además, la «química» es importante. Alguien puede tener integridad y pasión, pero no necesariamente calza con nuestro estilo de ministerio o con otros líderes.

Briscoe: Lo primero que busco es madurez espiritual. Luego, en orden de prioridad, busco por: un amor genuino hacia las personas, un espíritu de servicio, trabajo en equipo. Si esas características son claramente visibles, ellos ya están influenciando a otros. Seguidamente, es un asunto de darles aquellos, que se han probado a ellos mismos en cosas pequeñas, las oportunidades para probar que van a ser fieles en las cosas grandes.

¿Cómo reconocen la madurez «en el estado natural»?

Russell: Le diré como trato de no hacerlo: por curriculum o por entrevistas. He renunciado a eso porque pueden persuadirme muy fácilmente. Las personas con un carisma tremendo pueden usar eso para la gloria de Dios. Sin embargo, muchas veces esas personas han dependido de su carisma por tanto tiempo que nunca llegan más allá.

Entonces pregunto: «¿Hay alguien que ya está siguiendo a esta persona?» Si están enseñando, ¿es la clase entusiasta? ¿Las personas están aprendiendo? ¿Está creciendo su liderazgo? O, si dirigen un departamento, ¿es eficiente?

Cuando asistía a la universidad, Marvin Rickard predicaba en una de las primeras iglesias grandes. Guiaban a 2000 personas –algo poco común en ese entonces. Sin embargo, Marvin no era tan dinámico ni ágil en el púlpito. Él sólo abría la Biblia y enseñaba, esto era diferente a como habíamos sido entrenados.

Algunos estudiantes fueron a su iglesia en Los Gatos, California, y me comentaron: «No sé que está provocando que esa iglesia crezca. De seguro no son sus predicaciones porque son muy enredadas». Estabamos tan encerrados en el estilo de predicación que nos habían enseñado, que fallamos a la hora de reconocer los dones que él tenía.

Lo mismo ocurre con los líderes que se reconocen. En lugar de buscar un rasgo en particular de liderazgo, decimos: «¿Qué está ocurriendo bajo la influencia de esta persona?» De esta forma, trataremos de mirar menos las apariencias externas y no pasar por alto a la persona del carácter.

Cada uno de ustedes fue el mentor de alguien que, como pastor, los reemplazó o lo va hacer. ¿Qué fue lo primero que vieron en ellos?

Briscoe: Desde muy temprano, Mel Lawrenz mostró una madurez y una inteligencia admirables. Cuando tenía veinte años, fue un joven devoto con una personalidad confiable. Vi en él características que yo mismo no tenía. Admiraba sus habilidades analíticas y lo respetaba.

Mel y yo hemos estado juntos por 22 años, pero me siento un poco culpable al hablar acerca de «ser mentor». Uno o dos años atrás, nunca hubiera escuchado ese término. Supongo que lo he sido, y que otros me han influenciado en esa forma, pero no sabía que era así como lo llamaban.

Russell: A mi ocurre como Stuart. «Discipulado» se convirtió en una palabra popular hace una o dos décadas, pero «mentor» es un término más nuevo. Sin embargo, eso es lo que hemos estado haciendo.

Hace quince años, predicaba cinco veces cada fin de semana, así que empezamos a buscar a alguien con quien compartir el púlpito. David Stone hablaba en nuestros servicios de fin de semana. A todo el mundo realmente le agradaba. Invitamos a David a formar parte del equipo para que cada año predicara por seis fines de semana. Cada año le agregábamos un fin de semana. Cuando tiene alguien con dones, usted debe darle, progresivamente, más oportunidades para usarlos o perderá a está persona.

Está claro que ustedes no sabían que estaban siendo el mentor de alguien. ¿Cómo describirían su relación?

Briscoe: Mel hacía todo conmigo. En cualquier reunión a la que asistía, él estaba ahí. En cualquier discusión que yo tenía (excepto las de consejería personal), él estaba ahí. Pasamos horas juntos hablando del ministerio, del pastorado, del cuidado de las personas. Siempre compartíamos lo que leíamos. Cada semana asignábamos lecturas al equipo, y en las mañanas de los lunes las discutíamos.

En el curso ordinario de los eventos, fue fácil entender su corazón, escuchar sus problemas, entrar en su mente, y él estaba haciendo lo mismo conmigo todo el tiempo. Aprendimos uno del otro. El «ser mentor» ha sido algo mutuo y casual.

Russell: David y yo nos comunicamos constantemente por correo de voz. Cada semana nos vemos para hablar acerca del próximo sermón y para evaluar los de las siguientes semanas. Después de que alguno de nosotros predica la noche del sábado, nos llamamos con sugerencias de último momento antes del domingo.

Al principio, David estaba totalmente renuente a criticarme. Sólo me decía lo que él pensaba que era positivo. Finalmente le dije: «Aprecio que me animes, pero si no me das ninguna sugerencia, no me estás ayudando».

A la semana siguiente, me dejó un correo de voz: «¿Qué rayos estás haciendo en el ministerio?» (Ríe). Él tiene un gran sentido del humor. Él aprende de mí, y yo de él.

¿Cómo han cambiado en estos años como mentores?

Russell: La imagen que tenía de un mentor era alguien que cada semana preparaba un desayuno para sentarse y exponer su vida a otra persona. Lo intenté una vez. No funcionó.

Eventualmente empecé a invitar a las personas a las cosas que yo hacía. Les decía: «Voy a ir a un compromiso donde tengo que hablar. ¿Te gustaría ir?» Podía haber dos o tres personas que me acompañaban, pero eso satisfacía alguna de sus necesidades.

Cuando veo a una persona joven que realmente desea tener un mentor, le digo: «¿Por qué no vienes a nuestra reunión donde examinaremos el sermón del jueves? No digas nada al menos de que se te pida hacerlo. Cuando la reunión termine, tendrás que irte porque tenemos otras cosas por discutir».

Cuando el joven discípulo gana cierto grado de confianza, le digo: «Voy a dejar que vengas a una reunión de equipo. Vas a escuchar cierta información que necesita mantenerse como confidencial. Rompes esa confianza, y no vendrás a ninguna otra reunión».

Cuando algo sale a la luz en la reunión, por ejemplo, una debilidad de algún miembro del equipo, y yo sé que no puede divulgar, detengo la reunión y le digo a esta joven persona: «Cameron, ¿cuál es el lema?»

«Señor, si veo o escucho algo, aquí se queda cuando me marcho.»

«Muy bien, sólo quería que lo recordaras.»

La generación posmodernista desea honestidad, no falsedades. Cuando ellos llegan a ver las cosas como realmente son, se sienten como parte del equipo. Cuando son expuestos a los trabajos internos de la iglesia, eso satisface esa necesidad.

Briscoe: Mucho se obtiene de estas reuniones de uno-a-uno. Tengo mucho más solicitudes que tiempo para llenarlas. Por eso, cuando las personas vienen y piden que sea su mentor, a menudo les digo: «No puedo hacer eso exactamente, pero puedo darte una lista de lecturas.» Muchas de las personas que fueron mis mentores y tuvieron una enorme influencia en mí, fueron personas que nunca conocí excepto en sus libros.

Una vez me sorprendí cuando fui a la oficina de un pastor y tomé un libro. Le dije: «Ah, este es uno de los libros que he estado recomendado.» Él me respondió: «Ve ese estante. Compré cada uno de los libros de la lista que usted me dio, y en eso estoy.» Eso me tomó por sorpresa. ¡Yo ni siquiera he leído todos los libros que he recomendado! (Ríe)

Russell: He aprendido mucho más en las situaciones informales que cuando alguien me dice: «Veámonos por una hora para así enseñarte varias cosas». La exposición a un líder en acción es más significativa que la enseñanza estructurada.

Briscoe: El liderazgo no se enseña, se atrapa.

Ustedes han hablado acerca de darle a la gente oportunidades. ¿Entre ellas está el derecho a fracasar?

Russell: Para que alguien aprenda a ser líder, necesita mucha libertad. De otra forma, van hacer todo como a usted le gustaría que lo hicieran. Pero si ellos se adueñan de ese programa y saben que son los responsables del resultado, es más probable que utilicen sus dones creativos, tengan pasión por ello, y aprendan lo que el liderazgo acarrea.

El único momento en que me involucro es si veo un error que realmente dañará a la persona o a la congregación. Luego me digo: «No voy a dejar que cometa esa equivocación».

Briscoe: Una de mis historias favoritas cuando estabamos criando a nuestros hijos era la de un boxeador que le dijo a su entrenador: «Quiero el campeonato».

El entrenador le dijo, «No, no estás listo para el campeonato.» «Pero quiero pelear por él. Estoy listo. ¿Por qué no puedo pelear por él?» «Porque», dijo el entrenador, «tú tienes sencillamente tantas peleas, y es mi trabajo escoger las indicadas.»

La oportunidad para tener éxito siempre acarrea la posibilidad de fracasar. Necesitamos darle a nuestros líderes jóvenes una red de seguridad, la cual los ayudará a seleccionar aquellas oportunidades que ellos decidan emprender. No voy a dejar que se autodestruyan en público, eso sería un fracaso catastrófico. También necesitamos realizar un control de daños cuando ellos fracasan.

¿Cuál es un ejemplo de control de daños?

Russell: En una reunión de varones, Kurt, uno de nuestros jóvenes ministros contó una noticia de un periódico que decía que un juez local había sido arrestado por conducir ebrio. Kurt utilizó esto como un ejemplo de hipocresía. Uno de los hombres en la habitación era vecino de este juez. Él se levantó, confrontó a Kurt, y le dijo: «Necesitamos ser más compasivos».

Otros hombres vinieron a la defensa de Kurt. El asunto llegó hasta mi escritorio.

Al siguiente sábado, asistí a la reunión de varones. Dije: «Nosotros sí necesitamos ser más compasivos. Vamos a invitar al juez para que venga a nuestra reunión para que podamos orar por él y apoyarlo durante este tiempo. Pero ¿saben qué? Eso es un ejemplo de hipocresía». Apoyé a Kurt para que todo el mundo pudiera ver que estaba con él.

Algunos de los hombres me dijeron después: «Vi lo que usted hizo. Aprecio que usted se mantuviera con su amigo».

Darle a otros terreno para crecer significa que usted debe retroceder para crear ese espacio. ¿Qué demanda eso de usted?

Russell: Algunas veces es una lucha. Es aprender a tragarse el orgullo. La gente a menudo me dice: «David dio el más grande sermón» o «No sé si fue usted o David quien dijo…»

David y yo conversábamos el otro día antes del servicio, cuando una mujer se acercó y nos dijo: «Mi hijo de quince años sencillamente ama sus predicaciones. Él opina que usted es él más divertido. ¿Podría venir y conocerlo?»

David me preguntó después: «¿Eso te molestó?»

«No», respondí, «Yo también solía predicar a un nivel de secundaria.» (Ríe)

David ha aumentado cada año su tiempo en el púlpito. Ahora, predica alrededor de la mitad de nuestros servicios, y este año, por primera vez, predicó en todos los servicios de Semana Santa.

También trajimos ahora a un joven hombre, Kyle Idleman, quince años menor que David. Él predica diez veces al año y ¡sin apuntes! Ahora David y yo estamos escuchando lo bueno que Kyle es.

Nuestra gente lo ama. El punto es que usted tiene que estar dispuesto a tragarse su ego para traer a la próxima persona.

Briscoe: El epitafio de la tumba de Juan Wesley en Londres, dice: «Dios entierra a sus hombres trabajadores, pero su obra continúa». Traté de levantar a Elmbrook con esa idea. Cuando se acercaba mi cumpleaños número setenta, le dije a la iglesia: «Hay tres opciones abiertas para mí: Ustedes me pueden echar a patadas. O ponerme un fin. O puedo marcharme» Yo escogí la última opción.

La iglesia consideró las suyas. Mel había servido como pastor asociado por muchos años, y cuando la iglesia escogió a Mel como pastor, ambos, él y la iglesia estaban listos. Mi responsabilidad era dejar el camino libre.

Recuerdo el viejo lema de Youth For Christ (Jóvenes para Cristo): «Anclados a la Roca; preparados para los tiempos». A medida de que envejecemos, pensamos en términos de estar anclados a la Roca, pero las personas más jóvenes están listos para los tiempos. En todos estos años, hemos anclado nuestra iglesia a la Roca. Tal vez es tiempo de que alguien venga y, en una forma refrescante, esté preparado para los tiempos.

Lo que Stuart me enseñó acerca del liderazgo

Tres preguntas para el sucesor de Briscoe, Mel Lawrenz.

1. ¿Cómo te ayudó Stuart a crecer como líder?

Stuart no nos encerró dentro de metodologías. Él pensaba que la misión era primero y que el método venía después. Con la libertad del Espíritu, existen muchos posibles caminos para hacer lo que supuestamente debemos estar haciendo. Stuart siempre le dio a su equipo la libertad y la responsabilidad para desarrollar formas de ministerio que fueran apropiadas para ellos personalmente y para las necesidades del día.

Él mantuvo claro y simple el enfoque en nuestro propósito. Creó en nosotros el sentido que trabajamos en una importante tarea, y que no vamos a ser artificiales con respecto a la guía del curso del ministerio.

Yo era un interno en Elmbrook cuando Stuart me pidió que me uniera permanentemente al equipo. Él dijo: «¿Qué crees que te gustaría hacer?»

Regresé un par de días después y le dije: «Mi esposa y yo hemos estado orando y creemos que necesitamos trabajar en el área del matrimonio y del ministerio familiar».

Stuart dijo, «Grandioso», y así es como empecé. Eso no es nuestra forma usual de involucrar a las personas. Sin embargo, es un ejemplo de la determinación de Stuart para darle a las personas la libertad de crear el ministerio que se ajusta a ellos y a la iglesia.

Stuart dice que la iglesia debería tener sólo la organización que necesita. Buscamos esto una vez más. Necesitamos darle a la iglesia la suficiente estructura, pero la iglesia es un organismo vivo y palpitante. La estructura puede sofocar a la iglesia si imponemos la organización hasta el punto en que se convierta en burocracia. He tratado de preservar esta libertad para que sea dirigida por el Espíritu, entretanto le doy a las personas el apoyo apropiado para sus ministerios.

2. ¿Qué aprendió usted acerca de encontrar futuros líderes?

Tres cosas, creo: (1) buscar personas que van a ser miembros de equipo, que se lleven con los demás; (2) saber que su sistema de valores es compatible con los valores de la iglesia, que están en completa armonía con lo que somos como iglesia; (3) saber que sus dones encajan con la tarea.

Esos son tres asuntos importantes, pero menciono de tercero a los dones porque a menudo se pone de primero en la lista. A veces hemos traído a personas que tienen poca experiencia en el área del liderazgo. Sin embargo, estamos seguros de su espíritu de equipo, de su sistema de valores, y de que tienen los dones apropiados. Las iglesias que miran primero la experiencia pasan por alto a muchas personas buenas. Incluso un novato en un área en particular puede tener éxito si el espíritu y los valores son los correctos. ¿De que otra forma vamos a levantar líderes?

3. ¿Cómo te anima Stuart?

Su forma de animar es pasar cortos periodos de contacto directo y enfocado, y sentir un placer genuino en cualquier cosa fructífera que esté ocurriendo en el día. Stuart es un pensador crítico –él ve las cosas clara y resueltamente, y sabe lo que no le gusta– pero generalmente busca gozarse en lo positivo.

Se goza profundamente de los logros de otros. Su fe y seguridad completa en el ministerio de Elmbrook significó que no gastará mucha energía en él mismo, pero que sí reconociera a otros. Y eso es lo que le permite compartir el liderazgo. A él realmente no le interesa colocar su nombre o sello personal en todo lo que ocurre.

La frase favorita de Stuart es «No anticipo dificultades mayores». (Jill dice que eso va a estar en el epitafio de Stuart). Lo que no se dice es que no vamos a tener dificultades, pero que vamos a tener fe en que Dios preservará la dirección general de la iglesia. Creo que eso produjo seguridad en nosotros y nos dio libertad. Eso realmente te anima.

Tres preguntas con respecto a las predicaciones asociadas y la designación de un sucesor, David Stone.

1. ¿Cómo ha aumentado Bob tu papel ante la congregación?

Cuando empecé a predicar en la iglesia Southeast Christian, yo era el hombre «de relleno», que predicaba entre series o que cubría vacaciones. Luego Bob empezó a involucrarme en las series de sus predicaciones. Después empezó a darme las asignaciones más difíciles. Cuando predicábamos acerca de temas actuales y controversiales, Bob me daba aborto y homosexualidad, y él se quedaba con los temas livianos.

Hemos compartido las predicaciones de los servicios de Semana Santa, pero este año me dijo: «¿Por qué no predicas en todos los servicios de Semana Santa?» ¿Qué tan humilde es eso? Es como si el ganador del premio Cy Young (Baseball) dijera: « David va a ser el lanzador en el juego uno de la Serie Mundial, y yo lo seré en el segundo juego».

Tal vez no tenga mucho sentido en la Serie Mundial, pero cuando Bob hace eso, le comunica a la congregación: «Este hombre vale la pena escucharlo. Vale la pena seguirlo».

2. ¿Cómo ha desarrollado Bob tus habilidades de liderazgo?

A mi no me trajeron para que fuera el reemplazo de Bob, pero con los años se volvió más evidente que nos llevábamos muy bien. Ahora parece que todo está yendo hacia esa dirección –a que seré su sucesor. Alrededor de hace cuatro años, los ancianos aprobaron un plan de transición, y Bob anunció a la congregación que yo sería su sucesor cuando el decidiera jubilarse. Él me ha apoyado públicamente muchas veces, pero al poner su bendición en mí, me forzó a «levantarme».

Cuando trabajamos en algo juntos y Bob me dice: «Sabes, cuando tu seas el ministro general de esta iglesia, tu tendrás que ser un mejor líder de lo que yo soy en esta área». Eso es bastante serio. Él es un líder extraordinario y quiere que yo sea mejor de lo que él es.

Parte de su plan es darme una perspectiva bien refinada de la organización, más allá de mi mundo de predicación. Por nueve años, fui el representante del equipo en el comité edificador para nuestro proyecto de redestinación. Bob y los ancianos me enviaron a un programa de liderazgo ejecutivo, y por los últimos cuatro años, me he convertido en un administrador que supervisa una variedad de ministerios.

En los últimos tres años, he dirigido el comité de desarrollo de liderazgo. Bob sabe que tengo un gran interés en los futuros diáconos y ancianos porque estaré trabajando con ellos por un largo tiempo, por eso, él me está dando esa responsabilidad. Hace poco contratamos a un tercer predicador, y él dejó que participara en la decisión. Eso es también compartir el poder.

3. Describa el papel del sacrificio a la hora de desarrollar líderes.

Bob está haciendo todo lo que puede para preparar el camino para que mi ministerio tenga éxito. Y eso requiere humildad. No todo el mundo tiene el deseo de crucificar su ego por el bien del reino. Mi situación es la excepción, no por el tamaño de la iglesia, sino porque mi más grande partidario es el ministro general.

Hemos llegado a formar una relación de hermano mayor y hermano menor, un parentesco donde usted sacrificaría su vida o mejor aún, renunciaría a una ilustración mayor para que la otra persona sea el que la use porque ¡él es el siguiente en predicar! En mi libro, sacrificar una ilustración va más allá, es como renunciar a la vida porque ¡usted no puede recuperarla de nuevo!

por Manual de Formación de Líderes
David Stone es predicador asociado en la iglesia Southeast Christian en Louisville, Kentucky.
Copyright © 2003 Christianity Today International/Leadership Journal. Vol. XXIV, No. 3, p 24.

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Cómo lograr que la visión sea algo más que una moda

Por Rafael Pérez

Hace unos años se puso de moda en las iglesias y demás organizaciones escribir su visión, misión y valores o declaración de propósito. Como regularmente se hacía era de la manera siguiente: reuniendo a líderes en un pasadía, de ser posible en una montaña, a escribir todo en unas cuantas horas, para luego descender de allí con los rostros iluminados a comunicarlos a toda la congregación con la esperanza de que se hagan realidad. En todo esto hay algo que no funciona, y es que se partía del hecho de que con fabricar mecánicamente y comunicar una visión otros se apropiarían de ella y trabajarían para concretarla.

En la práctica, se demostró que este acercamiento no funcionaba, que se necesitaba algo más. Paso a compartir a continuación cuatro obstáculos que tiene que enfrentar este proceso para evitar que se convierta en sólo una moda pasajera de esas que no duran nada más allá de un verano y se convierta en una realidad que nos permita mantenernos enfocados, motivados y satisfechos al final del camino.

Obstáculo #1: La visión empieza de forma aislada
Aunque regularmente una gran visión nace en el corazón de un líder, la forma en que esta llega a concertarse es por medio de las aportaciones de todos sus integrantes, quienes la refinan, la aumentan y la aclaran. Si ellos no son parte de este proceso de gestación tampoco lo serán de su ejecución. Cuando alguien se va a integrar a un proyecto ya en marcha tiene el deber de asumir la visión existente, pero si ya soy parte y estamos creando o puliendo una visión, estoy en el derecho de poner en ella mi granito de arena.

Solución: En vez de comenzar por escribir de forma detallada y unilateral todo lo que «queremos» ser, el líder podría estimular una conversación entre quienes formarán parte de ella, dar la misión (lo que debemos hacer y porqué) para sentar las bases y esperar que entre todos le den color a la visión y definan sus valores.

Obstáculo #2: Se ignoran las visiones personales
Una verdadera visión es compartida, no elimina las visiones particulares de quienes las asumen, sino que las integra y fomenta. En suma, la visión de una organización es la representación a gran escala de las visiones particulares de todos sus integrantes, y un buen líder no busca a otros para que asuman su particularidad, sino que los integra tomando en cuenta las suyas. Si soy parte de esto y no conoces mi visión personal no puedes crear una compartida y decir que me tomaste en cuenta.

Solución: Un paso previo antes de poder solucionar este problema es alentar dentro de la iglesia a que los miembros tengan sus visiones personales tomando en cuenta sus dones, habilidades, experiencias y valores. Cuando ellos tengan este entendimiento, les será más fácil encontrar sentido dentro de una visión más grande. Esto se puede ilustrar con un muñeco desarmado en 10 partes: a menos que no sepas cual es la tuya no puedes encontrar sentido dentro del todo. La siguiente pregunta ayuda a comprobarlo: ¿Me siento representado con la misión, la visión y los valores de este proyecto? ¿Sé de forma precisa como contribuyo a que esto se concrete?

Obstáculo #3: Se tiene, pero no se usa
A menos que todos los esfuerzos de la organización estén en consonancia con la misión sea dirijan intencionalmente a alcanzar la visión, y todo se haga conforme a los valores, serán sólo letras sobre el papel. A menudo se colocan grandes carteles para anunciarlas, se motiva su memorización o se mencionan durante los actos, pero si en el día a día nuestros actos no son regidos por la misión, la visión y los valores, todo esto no pasará de ser una moda pasajera.


Solución: Hacernos constantemente las siguientes preguntas nos ayuda a usar lo que escribimos: ¿Deberíamos estar haciendo esto? ¿Esta acción nos encamina al lugar hacia dónde nos dirigimos? ¿La forma en que lo estamos haciendo es como nos lo propusimos? Respectivamente, ellas responden a la misión, visión y valores.

Obstáculo #4: Se empieza por las motivaciones incorrectas
En ocasiones, cuando los líderes sienten que están perdiendo el control de una organización son tentados a escribir cosas sobre el papel y pedirle a los demás que las firmen, esperando eventualmente utilizar el documento para penalizar al que no esté alineado. (Eso no es una visión, sino un contrato.) Una visión que nace en una coyuntura como esta, de control y manipulación, no llegará a ser nada más allá que un abortivo. Las personas la firmarán, de ser necesario se la aprenderán pero es imposible que la crean, la defiendan o trabajen para concretarla.

Solución: Aquí funciona siguientes preguntas: ¿Mi participación en esto es realmente voluntaria? ¿Esto que estamos creando hoy, nos será útil dentro de 5, 10 o 20 años? ¿Para entonces, lo estaríamos creyendo o disfrutaríamos el resultado? Ellas nos evitan abandonar la orientación a la inmediatez obligandonos a pensar a largo plazo antes de poder responder.

Liderazgo MVP un lugar para el líder cristiano.