¿Cuán Grave Es La Situación?

por Spee Leas

Saber en qué clase de conflicto estamos es fundamental para encontrar la solución indicada.

Los sentimientos pueden compararse con un detector de humo: cuando se activa no distingue si a alguien se le quemaron las tostadas o si se está incendiado la casa. Del mismo modo, nuestros sentimientos nos alertan que estamos ante una situación amenazante, aunque las circunstancias no sean tan graves. En la iglesia también hay personas que en muchas situaciones de conflicto subestiman la magnitud del problema. Ellos dicen: «No nos preocupemos por el asunto; ya se arreglará por sí solo.»

Corresponde, entonces, hacerse la siguiente pregunta: ¿cómo hacemos para evaluar la seriedad de una situación de conflicto? Yo he identificado cinco niveles de conflicto, los cuales constituyeron la base de un libro que publiqué.

Nivel UNO
Existe un problema por resolver en la organización y probablemente las personas no concuerden en cuanto a la forma de solucionarlo. No obstante, creen que pueden resolver la situación y están comprometidos con encontrar el camino para hacerlo. Mantienen el diálogo y no retienen información entre ellos. El resultado es que la mayoría de las personas no considera esta situación como un conflicto. Más bien afirman: «Tenemos algunos asuntos por resolver y lo vamos a lograr.»


Nivel DOS
El enfoque cambia: de «resolver el problema» pasa a «cuidar mis propios intereses». Las personas piensan: «Tenemos un problema para resolver pero yo no quiero enredarme en este asunto. Voy a ser cauteloso, cubrir mis espaldas y evaluar cuidadosamente si debo hablar con el pastor. Estoy dispuesto a hablar con los demás, pero me voy a reservar el derecho de compartir toda mi perspectiva sobre el asunto.»
En estas situaciones las personas demuestran nerviosismo, el cual se nota en su tendencia a utilizar generalizaciones abstractas como, por ejemplo, las siguientes frases: «Nadie en esta congregación se interesa por los demás», «parece que en este lugar falta confianza», «sé que existen algunos problemas con los diáconos». No definen en términos específicos cuál es el problema.
Entonces, el rol del pastor en este nivel es lograr que la gente comience un proceso de diálogo.


Nivel TRES
Una vez más, el objetivo en este nivel ha cambiado. El interés no es «resolver el problema» ni «proteger mi persona», más bien ahora el enfoque es «ganar». El sentimiento que tienen las personas es el siguiente: «Usted debe aceptar mi propuesta; la solución es tan clara como el agua. Yo no soy el que está causando el problema. Al contrario, soy la persona más indicada para encontrar una salida a esta situación.»
El lenguaje que se utiliza en este nivel no solamente es confuso, sino que exagera, distorsiona y polariza el conflicto. Por ejemplo, alguien podría decir: «Pastor, toda la iglesia está en contra suyo. Estamos completamente divididos. Por unas pocas manzanas podridas se va a echar a perder toda la congregación. Ellos nunca van a cambiar.»
Las personas aún no se han ubicado en bandos, pero comienzan a juntarse con aquellos que piensan igual que ellos. En el proceso, se les va identificando con etiquetas: «Los amigos del pastor», «los renovados», o «los que no quieren crecer».
El trabajo del pastor en esta situación es crear un ambiente seguro donde las personas puedan expresar sus temores e iniciar el proceso para solucionar el conflicto. Esto significa que se debe dar cuidadosa consideración a quienes deben participar en cada conversación y revisar los medios existentes para afirmar a las personas y demostrar interés por sus preocupaciones.


Nivel CUATRO
En este nivel las personas ya no quedan satisfechas con que se resuelva el asunto como ellos quieren. Ahora se han propuesto deshacerse de sus opositores. La meta es un «divorcio» —lograr que los «culpables» abandonen la congregación, el pastor presente su renuncia o se desbande el comité de misiones. En esta etapa las personas ya están ubicadas en bandos y se reúnen en las casas para hablar sobre la situación. En cada bando surge un líder que da directivas y organiza a las personas en su grupo.
Cuando el conflicto llega a este nivel es sabio buscar ayuda de afuera. Esta asistencia puede llegar por medio de autoridades de la denominación, un consultor, otros colegas o líderes laicos experimentados en la resolución de conflictos.


Nivel CINCO
A las personas ya no solo les satisface que los «malos» se retiren del lugar del conflicto, en este nivel, desean borrarlos de la faz de la tierra. Esta es la actitud presente en los conflictos en Irlanda o Palestina. En el caso de una iglesia, puede ser que no les sea suficiente a estas personas que el pastor se vaya; quizás apelen a la denominación para que nunca más pueda ejercer el pastorado. Si no pueden lograr esto, se encargarán de avisar a cuanta congregación puedan de que esta persona no es digna del ministerio.

Cuando las personas llegan al quinto nivel se convierten en fanáticos. No dejarán de pelear porque sienten que el hacerlo es inmoral y se sienten llamados por Dios a destruir aquello que consideran maligno. El único camino que queda en esta situación es tratar de quitar un grupo del camino del otro. En este caso, es posible que un pastor deba solicitar protección y apoyo por parte de su denominación.

Tomado de Desarrollocristiano.com

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